• Advenedizos contra liderazgos

Francisco Javier Flores V.
Más allá de la fuerza o “músculo político” –como le llaman sesudos analistas locales a la concentración de personas- mostrado por Andrés Manuel López Obrador en el evento del pasado sábado en Chilpancingo durante la llamada firma del Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo, el evento llevado a cabo en el zócalo capitalino dejó entrever dos cosas: la cauda de advenedizos que pretenden colgarse en este nuevo auge que envuelve al tabasqueño, y quienes de manera discreta pero efectiva contribuyen a este proyecto que busca, una vez más, alcanzar la Presidencia de la República.

En el primero de los casos todo mundo los conoce y para más señas, no pocos fueron abucheados por la multitud cuando sus nombres fueron anunciados al micrófono. Son personajes que, como ya ha ocurrido en procesos electorales anteriores –si bien hay que aclarar que los tiempos de campaña aún no inician- buscan agandallarse las principales candidaturas, vaya usted a saber mediante qué artilugios o componendas, y luego colgarse del efecto AMLO para sin sudar ni acongojarse acceder mañosamente a los cargos de elección popular.

Las experiencias conocidas en las dos veces que ha sido candidato presidencial Andrés Manuel no pueden dejar mentir, e incluso quienes han sido beneficiados lo han reconocido, algunos con cierta honestidad como el caso del ex senador Lázaro Mazón Alonso, o con descarado cinismo como el michoacano y en mala hora advenido a Guerrero David Jiménez Rumbo.

Son personajes a quienes si gana o pierde López Obrador la Presidencia poco o nada les interesa; su verdadero afán es alcanzar los votos suficientes para agenciarse desde regidurías, sindicaturas, alcaldías, diputaciones locales o federales o senadurías que en este proceso estarán en juego, a cambio de lo cual son capaces incluso de vender su alma al diablo, y a los cuales extrañamente la dirigencia local de Morena les está abriendo las puertas de par en par.

El otro caso es el de los liderazgos a ras de tierra; dirigentes que se mueven entre las bases como gestores permanentes, que conocen y sufren las necesidades de la gente, que padecen en carne propia las carencias y necesidades de las familias, sobre todo más desprotegidas, y que desde su trinchera, de manera sigilosa pero efectiva, trabajan en la promoción de López Obrador como la alternativa viable para encabezar un gobierno diferente.

Sus nombres quizá no sean muy conocidos pero citaremos aquí sólo dos ejemplos: El ex comisario municipal del poblado de Tres Palos,  Edilberto Arizmendi Amores (Edil Amores, como le llaman sus paisanos), que ha venido tejiendo una red de alianzas con diversas organizaciones y en próximos días dará a conocer una asociación civil que tentativamente se denominará Alianza de Movimientos y Liderazgos Organizados, en apoyo al proyecto lópezobradorista.

En esas mismas aguas navega José Luis González Suástegui, integrante de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Ciudadanas, quien desde el Movimiento Alternativo de Bienestar Social ha venido fortaleciendo las bases de apoyo a la causa de López Obrador, bajo la consigna de que “sólo el pueblo puede salvar al pueblo”, y que más allá de los partidos políticos “Llegó la hora de la sociedad civil”.

Así, la dirigencia estatal del Movimiento de Regeneración Nacional, lejos de estarse convirtiendo en una máquina de reciclaje político abriendo la puerta a tanto cartucho quemado que lejos de ayudar afectan la imagen de su máximo líder, deberían de ponderar la participación de liderazgos que verdaderamente aporten al caudal de votos que necesitará, llegado el momento, el Peje para lograr su objetivo.

Comentarios: fjflores722@gmail.com

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