​JFRM: 22 años de ausencia

Por Gaby Carmona Astudillo

Para poder comprender el presente, decía el ex gobernador del estado José Francisco Ruiz Massieu, es necesario revisar el pasado, analizar el presente y de ésta forma poder visualizar el futuro porque de no hacerlo la historia se repetirá, no una sino varias veces, de ahí su importancia.

Muy pocos políticos de ese tiempo lograban comprender a una mente tan avanzada a su tiempo, en una entidad en la que imperaba con mayor fuerza el cacicazgo no solo en el escenario político sino dentro de la sociedad guerrerense y por ende en las organizaciones del partido en el poder.

José Francisco Ruiz Massieu enfrentó y combatió a esos viejos cacicazgos que tanto daño le habían –y le siguen haciendo- hecho a la entidad, un estado anclado en el pasado de los viejos feudos caciquiles, de los amos de orca y cuchillo, a todos ellos trató de combatir el joven gobernante.

Y ese combate frontal se debió al poco respeto que esos liderazgos corruptos y vetustos le mostraban, se recuerda esa frase del líder cetemista  Filiberto Vigueras Lázaro quien el verlo siempre expresaba “ahí viene el gobernadorcito de papel” en menosprecio a su persona.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que el extinto gobernador del estado le moviera el piso al interior de la CTM la cual gobernó por más de 22 años, hizo de los inconformes aglutinados en la Unidad Obrera comandada por Celerino Peláez y Bautista Lobato Serna, fueron los mejores aliados para gestar su caída sin dejar de lado que su padrino Fidel Velázquez cuando lo fue a ver lo recibe con el dedo hacía abajo señal de que estaba acabado, terminando así un poderío brutal dentro del estado y de la CTM.

Pero el político guerrerense deseada generar cambios de fondo en la entidad que empezaba a gobernar y decidió abrir espacios de participación democrática al interior del partido que lo había llevado al poder, era evidente que estaba cansado de que los mismos caciques ocuparan los mismos cargos de elección popular, quería rostros nuevos en la política guerrerense.

Abrió el PRI a los procesos internos, muchos vieron la oportunidad de acceder a una candidatura, finalmente un gobernante comprendía a su militancia; en muchos lugares los caciques regionales y locales perdieron las elecciones, en otros se enfrentaron a balazos, no aceptaban estar perdiendo el poder y le reclamaron al gobernador su actitud pero Ruiz Massieu no se amedrento por el contrario siguió con su política de renovación política.

El político incomprendido de su tiempo en un estado pobre y marginado lucho por sacarlo de ese cabús del desarrollo en que se encontraba sumergido, no fue fácil por la oposición de los caciques incrustados en la política estatal, pero que sin embargo tuvo el talento y la visión de modificar cientos de leyes que estaban obsoletos pero que al paso del tiempo son muchas a la fecha de un enorme avance legislativo en el país. Las obras sociales y jurídicas están a la vista, no hace falta detallarlas.

Pero Ruiz Massieu fue un gobernador noble pero al mismo tiempo con autoridad, un gobernador de brillante memoria y actuar firme, actúo con firmeza y con la ley en la mano cuando sintió que el estado estaba por entrar al estallido social, aplicó la fuerza del estado cuando fue necesaria y de ésta forma inhibió a los inconformes.

Tendió fuentes entre las dirigencias políticas de oposición para que sus propuestas accedieran a un cargo de elección popular y con ello provocó que los  caciques postulados perdieran las elecciones a las diputaciones locales y presidencias municipales. En tanto que a los caciques regionales de su partido,  los hizo diputados federales o senadores pero los mantuvo en el exilio.

Eran los tiempos de que los guerrerenses podían darse el lujo de caminar en sus calles y avenidas, salir a disfrutar de cada rincón de su estado, sin sobresalto alguno, de ese Guerrero tranquilo –en apariencia- al Guerrero actual hay una enorme diferencia.

Ruiz Massieu estaba convencido de que Guerrero no tenía futuro y así lo expresaba con frecuencia a sus más allegados amigos y colaboradores, estaba convencido de ello.

Han pasado 22 años de su cobarde asesinato, 22 años de su ausencia, 22 años de que se le sigue recordando como lo que fue, un político visionario, 22 años en que el estado que gobernó se fue sumergiendo en la corrupción y las complicidades  de quienes lo gobernaron, 22 años de ausencia en la que se registraron asesinatos de campesinos a manos de quienes deberían haber velado por su seguridad, 22 años de desapariciones no solo de estudiantes normalistas a manos del narco poder sino de miles de ciudadanos guerrerenses cuyo destino es incierto, 22 años de estar a la deriva, 22 años de un estado sin futuro tal como lo predijo.

De verdad ¿Guerrero no tiene futuro?

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