​Ángel Aguirre Herrera: nadie se va del todo.

Por Gaby Carmona Astudillo

Hay en el escenario político guerrerense una ausencia difícil de llenar, el sorpresivo adiós de un joven qué estaba retomando su carrera política rumbo a la presidencia municipal de Acapulco, pero al mismo tiempo, trabajaba para unificar y fortalecer la corriente política que encabezaba en la entidad.

Su sorpresivo adiós cimbró no solo a una familia, sino que cimbró a un grupo político que entorno a su figura se fortalecía: Izquierda Progresista de Guerrero; Este sorpresivo adiós también cimbró un proyecto político que tenía como objetivo la participación electoral para el municipio más importante del estado: Acapulco, y en el cual,  los jóvenes porteños cifraban sus esperanzas.

Ángel Aguirre Herrera supo llevar con orgullo el apellido de sus padres, decía que llamarse Ángel Aguirre iba a ser siempre motivo de cuestionamientos y eso representaba para él trabajar el doble; había en su mirada siempre una luz de orgullo y en sus palabras siempre verdad.

Cuando finalmente decidió incursionar en el escenario político, recibió el apoyo incondicional de su padre y de su madre, y con esa bendición emprendió su propia carrera política. Se convirtió en diputado federal por la Costa chica y recibió en urnas la más alta votación electoral que lo convirtió en el presidente de la Comisión de Comunicación en la Cámara de Diputados.

El político guerrerense estaba convencido de que los partidos políticos perderían la confianza de la población, de ahí que empezó a formar una asociación civil que lo vinculará más con los ciudadanos a fin de que la voz del pueblo se escuchara con mayor fuerza.

Su visión se amplió cuando ingresó en la facultad de Ciencias Políticas  y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, al compartir sus reflexiones estaba claro que se preparaba para impulsar un nuevo proyecto político con una visión diferente.

Ángel Aguirre Herrera estaba listo para retomar su carrera política con mayor fuerza, sin embargo, se dio tiempo para fortalecer más los lazos con su familia, sus padres, su hermana, su cuñado, su esposa, su sobrino y su hijo, a quienes llevó a unas vacaciones sorpresa a Orlando, a fines del mes de diciembre, en donde como cualquier familia se subieron a los juegos mecánicos, convivieron, compartieron, disfrutaron, hablaron y le sonrieron a la vida como nunca lo habían hecho.

Ángel Aguirre Herrera estaba listo para fortalecer sus aspiraciones políticas en Acapulco, cuando de pronto, la muerte lo sorprendió sin darle tiempo a nada, dejando en quienes lo conocieron y trataron una estela de dolor que solo el tiempo habrá de curar tan delicada herida.

Los días transcurren y su ausencia se siente; quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo en lo personal y en lo político saben que fue un excelente hijo, con un corazón lleno de bondad y mirada profunda, un padre orgulloso de su pequeño hijo, un hermano con que siempre se podía contar pero sobre todo  un excelente amigo.

Ángel Aguirre Herrera emprendió el camino sin regreso, allá en donde el espíritu se eleva, dejando en la tierra los recuerdos entre sus familiares y amigos, mientras el grupo político que pertenecía se reagrupa para seguir adelante con el proyecto que aspiraba encabezar en el puerto más famoso del mundo y del cual se sentía orgulloso de pertenecer.  Nadie se va del todo, dice la canción, siempre nos queda un poco de amor.

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